martes, 28 de diciembre de 2010

¿Cuándo le salen los dientes?


Los primeros dientes que brotan en la ansía de nuestro bebé son los incisivos centrales inferiores. Los primero dientes empiezan a salir hacia el sexto u octavo mes de vida, aunque cada niño puede tener un desarrollo distinto, sin que eso quiera decir que presente ningún tipo de patología.

La erupción dentaria conlleva consigo la aparición de un cierto grado de inflamación de la boca sobre todo de la ansía de nuestro bebé que puede provocar la irritabilidad en el niño y la aparición de fiebre (que rondará sobre los 37ºC), pero que es un síntoma muy normal y no debemos preocuparnos por ello. En ocasiones puede ser precisa la administración de algún analgésico para calmar la irritabilidad y el malestar que puede causar la aparición del primer diente.

Con respecto a la dentadura de nuestro pequeño, no es preciso que le administremos un aporte de flúor, salvo que el aporte en el agua no sea el suficiente, aunque este mineral favorezca la formación del diente y disminuya la aparición de caries, aún así no es necesario. Pero si es importante recordarle el lavado de dientes a los pequeños de la casa a partir de los dos años de vida, para que así tengan una dentadura sana y fuerte.



Fuentes:
http://kidshealth.org/parent/en_espanol/general/teething_esp.htmlÁngeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Alimentación complementaria


 Según el niño va creciendo y madurando su sistema digestivo es capaz de metabolizar nuevos alimentos, además el niño empieza a descubrir sabores, texturas, le gusta probar comidas nuevas, quiere imitar a los adultos, coger la cuchara ...

El momento apropiado para introducir los alimentos sólidos es hacia los cuatro o los seis meses de edad. La alimentación del niño pasa de basarse exclusivamente en la leche materna o en la fórmula artificial y empieza a ser complementaria con nuevos alimentos, que le proporcionarán el aporte adecuado de proteínas e hierro que precisa para esta nueva etapa del desarrollo.

La introducción de los alimentos debe hacerse siempre de manera progresiva. Al principio se le debe administrar en pequeñas cantidades. Cuando se ha empezado a probar un alimento nuevo no se debe introducir otro distinto hasta pasado unos siete o quince días para descartar la presencia de alergias alimentarías de una manera clara.

En el momento de la comida hay que hacerle comprender al niño que es un momento para estar sentado, durante un tiempo razonable y limitado, en el que él sólo tiene que acabar comiendo.


Hay que seguir siempre las recomendaciones del pediatra para la introducción de los nuevos alimentos, y tener en cuenta ciertos factores. Los primeros alimentos son los cereales, al principio se recomienda utilizar sólo cereales de un solo grano, mezclándolos con la leche inicialmente para después hacerlo con agua, zumo o fruta (más conocido como papillas). Luego introduciremos las frutas, que primero se administra en forma de zumo, para ello se recomienda no añadir azúcar (para no favorecer la aparición de caries). Ya en el quinto o sexto mes, se añade la fruta a las papillas. Primero se introduce las frutas jugosas como la naranja, el plátano, la manzana y la uva. Más tarde introduciremos las verduras, al principio en forma de caldos y a partir de los seis meses en forma de purés. Que además puede ser complementadas con carne. La carne se administra cocida, con el puré. Primero se introduce el pollo, para luego pasar a la ternera y al cordero. Después introduciremos el pescado, primero comenzaremos con los blancos como la merluza, el gallo o el lenguado. Posteriormente de manera más tardía administraremos a nuestro pequeño los huevos, primero la yema cocida, aproximadamente a los nueve meses de edad, y más tarde la clara, hacia el año. Y los últimos alimentos que le daremos será el yogourt, las legumbres (en forma de caldo al principio y luego en puré, y comenzando con las lentejas), luego el queso, la mantequilla, etc. En general, no se recomienda añadir aditivos a la comida que le preparamos a nuestro pequeño como la sal, la miel o la sacarina.

Progresivamente, a nuestro pequeño le trituraremos menos los alimentos, según la capacidad de masticar del niño, del número de dientes que tenga, etc. Entre los doce y los veinticuatro meses se van abandonando de forma progresiva las papillas. Ya que hacia los catorce meses puede ir tomando alimentos que sean blandos, enteros y sin triturar. El niño irá poco a poco queriendo imitar a los adultos, aprenderá a usar los cubiertos y preferirá usar el vaso en vez del biberón, pero algo importante es que siempre debemos mantener la administración de la leche.

Fuentes:
http://www.elbebe.com/index.php/es/alimentacion/alimentos-solidos/como-comer
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.


jueves, 23 de diciembre de 2010

El biberón, lactancia artificial

Durante la época lactante el bebé debe tomar una cantidad equilibrada y suficiente de nutrientes aunque éste no sea amamantado por la madre, existen otros métodos como la leche que podemos comprar en la farmacia y que lo alimentamos a través del biberón. Esta leche contiene los nutriente necesarios para que nuestro pequeño esté bien nutrido y para que nosotros los padres estemos tranquilos con su alimentación, aunque la alimentación ideal para el recién nacido es la lactancia materna exclusiva, pero a veces no es posible.

En aquellos casos en los que no es posible o bien la madre decide no darle el pecho, se precisa sustituir la lactancia materna por el biberón. Para ello existen una serie de preparados comerciales, basadas en leche de vaca, disponibles en el mercado.

La composición de estas leches aporta al niño la proporción adecuada de nutrientes como hierro y suplementos vitamínicos. La frecuencia de la administración es igual tanto para la leche materna como para la fórmula artificial. Para la preparación de los biberones se deben seguir las indicaciones de cada casa comercial. Es importante preparar los biberones correctamente, pues si la concentración de cada biberón cambia, el aporte energético será distinto, y el riñón puede verse sobrecargado. Por este motivo debemos pararnos detenidamente a leer las instrucciones que contenga la leche artificial, para así preparar adecuadamente la alimentación de nuestro bebé.

Los biberones más adecuados en los primeros meses son los de cristal, pero siempre se deben esterilizar o hervir, durante unos diez minutos, por lo menos durante los primeros cuatro meses. Se puede usar tanto agua mineral como agua hervida. Una vez preparado el biberón no se recomienda volver a hervirlo, pues se evaporaría el agua y el siguiente biberón estaría hiperconcentrado. En el biberón, previamente esterilizado, se vierte primero el agua, luego la cantidad de líquidos correcta y después los cacitos de leche.



Fuentes:
http://www.aepap.org/familia/biberon.htm
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

¿Debe mi bebé alimentarse con leche materna?


La leche materna es el mejor tipo de alimentación para un niño durante los primeros cuatro y seis meses de vida. Auque actualmente es difícil amamantar al bebé debido al régimen de vida actual y al trabajo fuera de casa de la madre, que son dos grandes factores que dificultan en gran medida mantener la lactancia materna de manera exclusiva.

Las ventajas de que nuestro bebé tome el pecho son muchas, ya que por ejemplo no precisa de ser calentada ni esterilizada. Además el hecho de amamantar al niño crea unos lazos de unión, es decir, una especie de relación entre madre e hijo inexplicable. La leche materna tiene la composición ideal para nutrir y proteger al niño, y además favorece su digestión y absorción. La leche materna debemos recordar que contiene anticuerpos y células protectoras contra la infección, de manera que proporciona una defensa al niño muy tranquilizante para nosotras, las madres. Y es que la leche materna tiene una composición ideal para nutrir al niño, para ser digerida y tolerada. La composición de las proteínas de la leche materna es diferente respecto a la de la leche de vaca.

Los niños alimentados con el pecho no precisan de un aporte extra de líquidos, con la lactancia materna, les basta. Incluso en caso de que nuestro bebé presente diarrea no conviene la administración de agua, pues el niño dejaría de hacer buenas tomas de pecho y estaría peor nutrido. La introducción de alimentos sólidos se realiza a partir de los cuatro y seis meses, si no se realiza y el niño sigue siendo alimentado exclusivamente con la lactancia materna, su nutrición llega a ser inadecuada, siendo deficitaria en proteínas, hierro y cinc.

¿Cómo iniciar la lactancia materna?
Tras el momento del parto puede pasar un tiempo hasta que la madre tiene la subida de la leche. Por eso aunque no haya producción de leche en un principio, es importante poner al niño al pecho las primeras doce horas tras el parto, para que así succione y estimule la subida de la leche.
Inicialmente se produce un tipo de leche, denominado “calostro”, que presenta un alto contenido en proteínas. Al principio se produce muy poca cantidad de calostro y la madre puede tener la sensación de que su leche no alimenta al niño, pero eso no es así. Por tanto, es importante no preocuparse en este momento de eso, pues aunque el calostro nunca es abundante, es una fuente importante de defensa y además le ayuda en su desarrollo. Posteriormente, la succión del niño va estimulando progresivamente la mayor producción de leche, y las características de ésta van cambiando, siendo más rica en materia grasa, más nutritivas y saciando más al niño.

En algunos casos, la producción inicial de leche tarda unos dos o tres días. Las mamas se endurecen, son dolorosas y es el momento adecuado para iniciar la succión y estimular el flujo de leche. En estos casos se puede intentar favorecer la succión extrayendo leche y poniendo compresas calientes antes de las tomas, para que se produzca una congestión excesiva que favorezca la succión que inicia nuestro bebé.

¿Cuál es la postura adecuada para darle el pecho a mi bebé?
Es importante que la madre esté tranquila y sentada en un lugar cómodo o tumbada sobre un brazo. Se debe realizar previamente un lavado de manos correcta y también lavar los pezones sólo con agua. El niño tiene que estar colocado sobre el brazo contrario a la mama de la que va lactar, de manera que la cabeza y la boca estén cerca del pezón. Se debe sujetar el pezón entre los dedos índice y pulgar para que el niño pueda sujetar bien el pezón, que éste no se mueva y así pueda succionar bien.

Inicialmente hay una succión rápida, se produce una salida de leche rápidamente, no nutritiva; pero posteriormente hay una succión más lenta, que vacía completamente de leche los conductos. Se debe dar cada pecho unos diez minutos aproximadamente, el niño puede quedarse dormido, por lo que se recomienda cambiarle de pañales entre pecho y pecho si esto sucede, para así despertarle y que no succione más aire del debido. Habitualmente, se empieza cada vez por un pecho distinto para que el niño llegue a vaciar totalmente cada uno.

¿Con qué frecuencia le doy el pecho?
Lo mejor es la administración de las tomas a demanda de nuestro pequeño, sin usar unas pautas rígidas, sino que somos nosotras las que debemos adaptarnos al niño (pero aproximadamente son unas ocho o doce tomas al día). Durante las primeras semanas no conviene que el niño esté más de tres o cuatro horas sin comer, por lo que si el niño no se despierta, o no llora conviene darle la toma cada tres o cuatro horas.

Casos en los que se debe suprimir la lactancia materna
La lactancia materna deberá eliminarse cuando la madre presenta una enfermedad materna grave, en este caso ni siquiera debe iniciarse la lactancia materna. Muchas veces la madre debe tomar la decisión de no empezarla cuando el niño presenta algún tipo de malformación que dificulte la deglución, cuando el bebé es un gran prematuro o cuando aparece un absceso mamario (en este caso concreto, se debe vaciar esa mama, y no utilizar la leche, hasta que el proceso infeccioso se resuelva y el médico lo autorice). Pero por ejemplo no es necesario dejar de dar el pecho cuando aparece una inflamación en la zona mamaria (aunque la madre presente fiebre o escalofríos), o cuando la madre tenga grietas en el pezón. En estos casos conviene continuar con la lactancia materna, (siempre que no sea demasiado doloroso para la madre). En caso de la aparición de grietas basta con la aplicación de pomadas específicas para evitar el empeoramiento de las lesiones. Es muy importante que si la madre precisa algún tipo de tratamiento farmacológico, se consulte previamente para ver si el fármaco afecta a la leche, y en caso de que así sucediera, debe preguntar al farmacéutico o leer bien el prospecto por si tuviera algún efecto sobre el niño. Y por supuesto durante la lactancia materna se contraindica la ingesta de alcohol, alimentos excitantes (como el café), tabaco, nicotina, sustancias de abuso entre otras


Fuentes:
http://www.aepap.org/familia/biberon.htm
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.


martes, 21 de diciembre de 2010

¿Cuál es la alimentación adecuada para mi bebé?


La nutrición consiste en los aportes mínimos diarios de cada nutriente para que exista un crecimiento y un desarrollo adecuado. Es preciso la administración de dos o seis veces de dosis de alimentación diaria como mínimo para lograr un correcto crecimiento. Las necesidades alimentarías van variando según el momento del crecimiento de nuestro bebé. Dependiendo de la edad del niño y de su grado de madurez, el tipo de alimento que es capaz de digerir varía y por tanto se establecen unas pautas de alimentación dependiendo de la edad del niño.

El primer periodo es el de la lactancia, está comprendido entre los cero y los seis meses. Desde los cuatro hasta los doce meses de edad, el niño mantiene una dieta transicional. A partir de los doce meses de edad el niño ya va adquiriendo una dieta igual que la que tienen los adultos, pero ingiriendo menor cantidad. Durante los primeros meses de vida el aporte esencial para nuestro pequeño es la lactosa pero que a veces podemos combinarla con el aporte de otros líquidos como el agua.


Fuentes:
http://www.aepap.org/familia/biberon.htm
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.



martes, 14 de diciembre de 2010

La dermatitis de pañal


La demartitis del área del pañal consiste en lesiones cutáneas que aparecen en la zona donde se coloca el pañal también en las ingles y en el abdomen. La piel del bebé está expuesta al calor que produce el pañal, la humedad, la orina ... produciéndose una irritación en la piel y la consiguiente aparición de enrojecimiento cutáneo y lesiones secundarias en la piel.
Varios factores favorecen la aparición de estas irritaciones como una higiene incorrecta, el uso de pañales de plásticos que no permiten una adecuada transpiración, la acumulación de orina y heces retenida, un ambiente húmedo y cálido con temperaturas altas entre otras.

Este tipo de lesiones son muy frecuentes en los lactantes aparecen habitualmente en el primer mes de vida cuando la piel es más delicada y no hay un control de esfínteres.
Primero se produce una irritación, con enrojecimiento en la zona en contacto con el pañal (abdomen, región glútea, zona genital, etc). Conforme la enfermedad progresa pueden aparecer lesiones más grandes, que afectan también a los pliegues. Además del enrojecimiento cutáneo se puede ir extendiendo por la región interna de los muslos.  Pueden llegar a formarse úlceras superficiales, con una erosión importante de la piel, e incluso una sobreinfección de las lesiones, con aparición de pus y como consecuencia nuestro bebé llorará.


El diagnóstico lo da la exploración adecuada del pediatra y a medida que vayamos viendo la evolución de las lesiones. Al explorar al bebé se debe hacer una valoración de la gravedad de las lesiones para saber y ver si hay úlceras que puedan acarrear algún tipo de problema.

En el tratamiento de las lesiones leves se pueden aplicar pomadas destinadas a mantener seca la piel para evitar la progresión de las lesiones. Cuando las lesiones son más importantes puede ser necesario el uso de pomadas de corticoides, de menor a mayor potencia según si las lesiones son menos o más graves.

En aquellos casos en los que aparece como complicación una sobreinfección bacteriana se puede asociar el tratamiento de pomadas con antibiótico. Cuando la humedad se mantiene durante tiempo puede llegar a aparecer una sobreinfección por hongos y la dermatitis de pañal se puede complicar.

Para prevenir este tipo de dermatitis se deben tomar una serie de medidas como mantener al niño seco intentando cambiar los pañales de manera frecuente, mantener un ambiente fresco sin humedad, no poner en el área del pañal aceites ni colonias, no usar pañales de goma ni de plástico y no usar jabones ni detergentes irritantes en la higiene del niño.

Estos consejos serán algo más que útiles para los primerizos papás, ya que todos queremos para nuestro bebé lo mejor del mundo y que mantengan siempre una sonrisa.


Fuentes:
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000964.htm
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

Picor, picor y más picor

La piel de nuestro bebé puede tener una respuesta inflamatoria o tener lesiones que la podemos clasificar  como dermatitis.
Al principio aparece una serie de lesiones agudas, sequedad con enrojecimiento cutáneo, lesiones que se van secando, y posteriormente aparecen una serie de costras que pueden llegar a sobreinfectarse.


Como resultado del rascado, la sequedad cutánea y de la formación de costras aparecen las lesiones, el engrosamiento de la piel (la cual puede aumentar o disminuir la coloración de la piel). Lo más característico de la dermatitis es la aparición de lesiones cutáneas que provocan picor. El niño se rasca apareciendo erosiones por rascado, que aumentan la sensación de picor y todo el proceso se convierte como en un círculo vicioso. Esta enfermedad cutánea cursa en brotes, sin llegar a la curación completa.



Las lesiones son siempre las mismas, aunque su distribución (localización), varía según la edad del niño. Por ejemplo en el lactante es más común que aparezca en las mejillas, en el cuero cabelludo y en la zona de los codos y rodillas. Ya durante la infancia entre los cuatro y diez años aparece en la flexura del brazo y las piernas, en muñecas y tobillos. Suele aparecer en niños que ya tenían lesiones en el período de lactantes, pero también por primera vez. En esta etapa la sequedad de la piel es importante, para no dejar marcas o señales. Cuando el niño es más mayor o en la etapa de adolescencia aparece en las flexuras de las manos, en los párpados y en el cuello. Se produce entonces el engrosamiento y la sequedad de la piel. Pero otras alteraciones cutáneas que pueden aparecer son la palidez en las zonas que rodea la nariz y la boca. Cuando veamos que nuestro bebé tiene estos síntomas debemos ir a nuestro pediatra habitual para que le realice el diagnóstico diferencial correspondiente para que así elimine otras patologías posibles.



Con respecto a la dermatitis no hay ningún tratamiento para evitar su aparición o desarrollo, aunque sí existe tratamiento para la curación precoz de las lesiones que aparecen, es decir, se pueden tomar medidas para evitar que aparezca el eccema o el picor. Por ejemplo es importante usar en estos niños jabones neutros, evitar el uso de suavizantes y detergentes agresivos en la ropa, debemos comprarle a nuestro bebé prendas de algodón, no sintéticas, evitar el calor excesivo y una sudoración profunda. Para evitar los brotes es importante hidratar adecuadamente a nuestro pequeño. No debemos frotar a nuestro bebé cuando lo estamos secando después de una ducha, usar las cremas hidratantes adecuadas tras el baño, incluso usar aceites especiales para el agua que utilizamos a la hora de bañarlo, porque este formará una película protectora para la piel de nuestro bebé.




El tratamiento de las lesiones consiste en la aplicación de corticoides tópicos (esto quiere decir, la aplicación de pomadas sobre las lesiones cutáneas) durante unos siete o diez días (según nos indique nuestro pediatra) y dependiendo de la gravedad de las lesiones. También se tratará diferente dependiendo de la gravedad, según la intensidad del brote y la localización de las lesiones se pueden usar corticoides más o menos potentes; en forma de crema, gel, pomada o incluso en brotes muy fuertes puede ser necesario la administración de corticoides orales durante unos días.
Si surgen complicaciones se puede producir una sobreinfección cutánea (bacteriana) que requieren el uso de antibióticos tópicos (en pomada) e incluso orales. Esta enfermedad no tiene curación, los brotes tal como aparecen pueden desaparecer. Es más habitual durante el invierno y mejoran en verano. El número de brotes y su gravedad va disminuyendo con la edad auque la evolución es lenta a todas las edades.

Fuentes:
http://www.alergiainfantillafe.org/enfermedaddercontacto.htm
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.




lunes, 6 de diciembre de 2010

Algo tan doloroso como ...


Nadie está libre de nada, ni  siquiera nuestro bebé aunque lo mimemos y lo cuidemos con nuestro corazón. Por eso es conveniente hablar de este síndrome en el blog, aunque no será la entrada más bonita de este. Pero es imprescindible que todos sepamos en qué consiste, cómo prevenirlo y a qué se debe entre otras cosas.

El síndrome de muerte súbita del lactante se define como la muerte inesperada, cuya causa no llega a quedar establecida, a pesar de la realización de un estudio completo (como lo es una autopsia, una historia clínica o circunstancias que rodea esta muerte tan inesperada).

El síndrome de muerte súbita del lactante o lo que podemos denominar episodios amenazantes para la vida de nuestro bebé, consiste en un cese de la respiración, asociados a un cambio de coloración del niño, es decir, a la palidez o coloración azulada o morada en la parte facial, incluido los labios y que además notaremos en él una disminución del tono muscular.

A veces el niño supera este episodio, aunque desgraciadamente los padres e incluso el médico, en la mayoría de los casos temen por la vida del bebé. El síndrome de muerte súbita del lactante es la causa más frecuente de muerte en niños entre el mes y los doce meses de vida, en los países desarrollados. La incidencia de este síndrome, es decir, el número de nuevos casos diagnosticados han ido descendiendo durante los últimos años pero aún así debemos estar siempre en alerta. A pesar de la cantidad de estudios realizados no se sabe aún exactamente la causa de esta muerte. Aunque sí se han descubierto una serie de factores de riesgo que podrían favorecer la aparición de este síndrome. Pero no existe una única causa, sino múltiples factores asociados.

Los estudios médicos relacionan esta muerte a niños con ciertas alteraciones en el control cardiorrespiratorio, es decir, cuando el bebé no presenta aún unos mecanismos maduros de control de ciertas funciones elementales. Aparece en niños menores de seis meses, que tenga factores estresantes como alteraciones de la concentración de oxígeno y dióxido de carbono, variaciones de temperatura, infecciones respiratorias, que provengan de partos prematuros, la necesidad de reanimación a la hora del nacimiento, presencia de una infección respiratoria o gastrointestinal la semana antes de la muerte, la presencia de personas fumadoras en el entorno (o que la propia madre fuera fumadora), en padres jóvenes (menores de veinte años), madre adicta al consumo de drogas y alcohol o que el niño tuviera un hermano gemelo fallecido previamente por la misma causa.

Toda esta larga lista puede ser la causante del síndrome de muerte súbita aunque no siempre se cumple estos diagnósticos. Por eso siempre tenemos que estar pendiente de nuestro bebé.

Fuentes:

http://www.abcdelbebe.com/node/17490Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

Cólicos en la edad del lactante



Los cólicos del lactante son repentinos, de llanto intenso y que suelen aparecer habitualmente por la tarde, pueden durar desde minutos hasta horas. El niño está aparentemente tranquilo, y sin más empieza el llanto intenso, agudo y asociado al encogimiento abdominal y enrojecimiento facial.

Este tipo de cólicos aparece básicamente en lactantes como su propio nombre indica, y pueden aparecer desde las dos primeras semanas de vida. Estos episodios de llanto es muy frecuente, sin que ello implique, que exista alguna patología grave.

No se conoce la causa exacta que provoca estos episodios de llantos, pero pueden influir diversos factores como conductuales, ambientales o gastrointestinales entre otros. Los lactantes que padecen estos cólicos son niños sanos, que no tienen ningún problema aparentemente, así que los padres no tienen por qué angustiarse. Pueden ser diarios y sin ninguna causa que lo explique, ni hambre, ni fiebre, ni dolor, etc.

Los episodios de llanto se asocian a inquietud e irritabilidad con encogimiento abdominal y al enrojecimiento facial, suele aparecer cuando el niño tiene estreñimiento pero no siempre es debido a esta causa. Estos episodios van disminuyendo en intensidad según va creciendo el niño y llega a desaparecer de manera completa hacia los tres meses de vida.

Existen muchas causas por la que puede producirse este llanto tan normal en la transición del lactante aunque puede deberse al hambre, al frío, a la necesidad de que le sostengan en brazos, a que tenga los pañales mojados, a dolor de oídos por el inicio de una infección como una otitis, a un dolor abdominal, etc. Un niño puede llegar a llorar hasta unas cuatro horas al día.

Cuando el niño presenta llanto repentino y agudo, su pediatra debe hacer una primera valoración, para descartar posibles causas de llanto no fisiológico y así los padre dormiremos más tranquilos.

Ante este llanto repentino que pueda tener nuestro bebé no existe ningún tratamiento para este problema. En estos casos lo importante es saber que el niño no padece ningún problema serio. Si se trata de calmar y no se consigue, se le puede dejar llorar hasta que el cólico se le pase. Aunque se puede tomar distintas medidas para intentar tranquilizar al niño; como acunarle, sostenerle entre los brazos, mecerle y tranquilizarle con palabras suaves, sujetarle de frente acunándole, darle un paseo en cochecito o incluso darle una vuelta en el automóvil. Pero también debemos asegurarnos que nuestro bebé realice una correcta alimentación sin comer de manera ansiosa y sin que trague demasiado rápido.

Aunque no es un problema para preocuparse siempre debemos estar pendiente de nuestro pequeño para intentar resolver sus problemas.

Fuentes:
httpp://yasalud.com/colicos-del-lactante/
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sábado, 27 de noviembre de 2010

Las intoxicaciones más habituales

La intoxicación más habitual es por vía oral aunque también puede darse la absorción de sustancias a través de la piel, el ojo o intoxicación por inhalación. Las ingestiones suceden de manera accidental, como por ejemplo en el hogar. Las intoxicaciones en los niños son leves y suceden por ingesta de fármacos como el paracetamol o la aspirina, sustancias cáusticas, hierbas medicinales, productos vegetales, cosméticos y productos de limpieza. En el caso de adolescentes la intoxicación puede no ser accidental sino intencionada, y se asocia, de manera más frecuente, a suicidios.

Algunas medidas preventivas que podemos tomar los padres son: usar fármacos que lleven tapones de seguridad, mantener las medicinas bajo llave, no dejar los productos de limpieza en estanterías bajas o en los suelos, no cambiar los fármacos ni los productos de limpieza a envases distintos de original, educar bien a los niños, enseñándoles a no tocar los productos de limpieza ni las medicinas entre otros.

Según la causa de la intoxicación los síntomas pueden variar, así la intoxicación por ciertos productos puede dar una sintomatología diferente. Cuando se sospecha que un niño puede haber ingerido algún producto tóxico lo más importante es intentar averiguar exactamente qué ha tomado, cuánta cantidad y cuándo. A continuación lo más recomendable es llamar al centro de información toxicológica y según sus recomendaciones, acudir al centro hospitalario más cercano para realizar una exploración física y tomar las medidas adecuadas.

Existen distintos métodos para quitar las sustancias tóxicas del interior del cuerpo del bebé como inducir el vómito, el lavado gástrico o administrar un antídoto si se conoce el producto ingerido y existe tal antídoto.


Fuentes:
http://www.suite101.net/content/intoxicaciones-frecuentes-a-prueba-de-prevencion-domestica-a19098
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viernes, 26 de noviembre de 2010

Aspiración de un cuerpo extraño

La aspiración de un cuerpo extraño supone el paso de éste a la vía aérea. Sucede porque el niño tiene acceso a productos alimenticios como cacahuetes, caramelos, o juguetes inapropiados para su edad (como globos, silbatos, etc) de una manera no controlada por un adulto.

Los más habitual cuando un cuerpo extraño sea aspirado es que éste sea expulsado al exterior por el reflejo de la tos y que no precise cuidados médicos; pero hay ocasiones en que el objeto puede ser demasiado grande y ocluir la vía respiratoria superior, o que sea demasiado pequeño y se aloje en los bronquios. El niño inicialmente se atraganta, tosiendo para, después, cuando el cuerpo extraño pasa a la vía aérea, empezar con dificultad respiratoria (boca abierta) y respiración ruidosa.

La gravedad depende del lugar donde se aloje el cuerpo extraño:

*Si es localizado en la vía aérea superior, es decir, en la laringe se produce una tos con aparición de afonía posterior y un ruido e incluso sangrado, puede ser mortal en caso de que el cuerpo extraño aspirado sea voluminoso y obstruya por completo la vía aérea.

*Si la localización es más cerca de la tráquea, puede provocar tos, con dificultad respiratoria.


El diagnóstico de una aspiración de un cuerpo extraño lo proporciona, una exploración física y una radiografía de cuello y tórax, aunque no siempre el objeto aspirado se puede visualizar en la radiografía. Cuando el cuerpo extraño es pequeño (por ejemplo un cacahuete) éste puede progresar por el árbol bronquial sin provocar una dificultad respiratoria, pero sí una falta de aireación y una importante predisposición a la infección (neumonía). En estos casos puede ser necesaria la visualización de la vía aérea para demostrar si claramente hay un cuerpo extraño, dónde está localizado y proceder a su retirada.

Cuando el cuerpo no está alojado en la vía aérea inferior, es importante retirarlo de manera urgente, porque puede llegarse a la asfixia cuando no hay suficiente paso de aire en la vía aérea. No se recomienda hacerlo a ciegas, en caso de que no se vea bien el cuerpo extraño o que el niño sea muy pequeño y se ponga más nervioso, porque hay riesgo de hacer que progrese más y producir una obstrucción de la vía aérea mayor.

Si el niño está consciente tosiendo, se le debe animar a toser. Un niño menor de un año se recomienda dar cinco golpes en la espalda y cinco en el tórax, con la presión ejercida, ayudar a expulsar el cuerpo extraño hacia el exterior de la vía aérea. Cuando el niño es mayor se puede llevar a cabo la maniobra de Heimlich, consiste en compresiones, realizadas por debajo del diafragma, en el abdomen, dirigidas hacia arriba. Si el niño está inconsciente ya se precisa el inicio de maniobras de reanimación cardiopulmonar avanzadas.



Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.



martes, 16 de noviembre de 2010

¿Qué tiene mi bebé en la boca?



Debido a la gran curiosidad de los niños y su tendencia a investigar todo y llevárselo a la boca, la ingesta de cuerpos extraños es muy frecuente. Habitualmente se trata de monedas, pilas, canicas, piezas pequeñas de juguetes, aunque en ocasiones puede tratarse de objetos más peligroso o punzantes, como alfileres e imperdibles, etc.
                    


Todo depende del objeto ingerido y de la localización de éste. Cuando queda alojado en el esófago se produce un aumento de la salivación, dolor e incluso puede llegar a aparecer una perforación esofágica con rotura de la mucosa y una infección.

Aunque también podemos tener la suerte de que se produzca el vómito del objeto. Cuando el objeto extraño ha llegado al estómago e intestino, éste va progresando, habitualmente sin problemas, siendo expulsado en la mayoría de los casos en unas veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Si el tránsito del objeto es más lento, expulsándose al cabo de una semana, puede ser necesario llevar a cabo un seguimiento radiológico para localizar el objeto y controlar su progresión correcta y visualizarlo con la radiografía.

La complicación que puede aparecer una vez que el objeto ha pasado a la zona gastrointestinal, es que se produzca una perforación (rotura de la pared gastrointestinal), que sería el inicio de dolor abdominal, vómitos, fiebre, e incluso sangrado rectal; aunque en muy raras veces ocurre.

Cuando el objeto ingerido es una pila, es importante acelerar el tránsito gastrointestinal, para disminuir el tiempo de permanencia de la pila en el aparato digestivo y es necesario que se lleve a cabo un adecuado seguimiento médico. Porque aunque todas las pilas van recubiertas para aislar los agentes corrosivos que contienen, en caso de que entren en contacto directo podrían ocasionar quemaduras.

¿Cómo ayudar a mi bebé si tiene un cuerpo extraño en la boca?
La extracción de un cuerpo extraño en un lactante es así de fácil como a continuación lo explicamos. Se presiona el tórax del bebé con dos dedos, con una frecuencia de cinco veces. Después se le da la vuelta al niño golpeándole en la espalda otras cinco veces, con la palma de la mano y con golpes secos.



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jueves, 11 de noviembre de 2010

Los enchufes y la electricidad


En ocasiones las quemaduras eléctricas pueden llegar a ser graves cuando son producidas por cables de alta tensión. Aparecen lesiones en la piel que son los puntos de entrada y salida de la descarga y múltiples lesiones en los órganos afectados por el paso de la corriente (como alteraciones cardíacas). Un cinco por ciento de estos accidentes provocan la muerte antes de conseguir trasladar al niño al hospital.

Si tenéis alguna duda al respecto sabéis que aquí podéis comentarnos el problema, para que posteriormente lo consultemos y así poder responder a vuestras preguntas satisfactoriamente. Muchas gracias y un saludo a todos los padres que cuidan de sus bebés.



Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cuidado con el fuego



Las lesiones producidas por quemaduras pueden ser muy diversas y diferentes, algunas de ellas son causadas por fuego (quemaduras que se producen de manera directa), escaldaduras por agua caliente, combustión de ropa, estufas, cigarrillos, y en más raras ocasiones por inhalación (que pueden conducir a lesiones pulmonares).

El número de lesiones por quemaduras, que requieren atención médica, ha ido disminuyendo gracias a las medidas de prevención que podemos encontrar en el envoltorio de productos, de etiquetas, de prospectos pero también gracias a detectores de humo en zonas públicas, al uso cada vez mayor de prendas ignífugas y a la mayor disponibilidad de centros de tratamientos especializados que están a nuestra disposición.

Las quemaduras se pueden clasificar según su extensión y su profundidad: la menor lesión que se puede producir es la de primer grado, que consiste en una lesión en la superficie de la piel (que afecta sólo a la epidermis), produciéndose un enrojecimiento de ésta, hinchazón y dolor leve. Todos estos síntomas desaparecen en dos o tres días, llegando a la curación total en el período de tres a seis días.

Cuando la lesión es más importante y afecta a una capa de la piel más profunda (la dermis superficial), se forman ampollas y vesículas llenas de líquidos, que son muy dolorosas, la clasificamos como quemadura de segundo grado, ya que afectan a terminaciones nerviosas. La curación de estas lesiones es más lenta, curándose tras veinte días aproximadamente.

Las quemaduras que afectan a todas las capas de la piel (epidermis y dermis), son las más graves, las de tercer grado. Al destruirse todas las capas cutáneas no quedan células que puedan regenerar de nuevo la piel, y no se produce dolor, ni sagrado, porque no quedan terminaciones nerviosas, ni capilares. Algunas de estas quemaduras precisan de tratamiento hospitalario urgente. Por otro parte las quemaduras pueden afectar a ciertas partes del cuerpo, como la cara, los oídos, las manos, los pies o el área genital, en este caso las lesiones tienen una gravedad mayor.


Cuando las lesiones son breves basta con llevar a cabo una adecuada desinfección de la herida, cubriéndola bien y tratándola con antibióticos locales y la administración de analgésicos. Las lesiones más graves, cuando se llega a precisar ingreso hospitalario, los riesgos más importantes que aparecen son: la deshidratación por pérdida de líquidos  e hipotensión, que pueden conducir a la muerte o también la sobreinfección tras la desaparición de la barrera cutánea. En ocasiones es necesario realizar una extirpación del tejido lesionado y realizar injertos de piel para evitar la pérdida de líquidos y proteínas. Es importante llevar a cabo un seguimiento correcto y vigilar la evolución de las quemaduras.

Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El miedo al agua



Hay que hablar del gran peligro, pánico o terror que puede ocasionar la palabra agua, ya que una de las causas de muerte en los más pequeños del hogar, es la muerte por ahogamiento además de las lesiones no mortales que se relacionan con el agua y los episodios de casi ahogamiento, esto quiere decir, cuando hay una supervivencia mayor de veinticuatro horas tras haber estado el niño expuesto a un medio líquido.

Durante las actividades acuáticas existe el riesgo de que se produzcan lesiones graves por traumatismos, que lesionan la médula espinal, pudiendo llegar a ocasionar parálisis permanentes. Los niños con más posibilidades de sufrir accidentes en el agua son aquellos menores de cinco años que no comprenden el riesgo y no saben sus limitaciones, metiéndose en aguas profundas o no sin saber nadar correctamente.

La gran mayoría de los accidentes mortales suceden en piscinas privadas o residenciales, cuando los padres o el cuidador de turno se descuidan para atender por ejemplo una llamada telefónica, para realizar una tarea doméstica, etc. La prevención más adecuada es colocar vallas alrededor de las piscinas, enseñar bien a los niños el riesgo que supone el agua cuando no saben nadar correctamente y el vigilarles atentamente durante el baño aunque no debemos olvidar el uso recomendable del flotador o de manguitos.
        


En el caso de los lactantes, los casos de ahogamiento suceden en la bañera, en los bebés que no están suficientemente vigilados y cuyos padres desconocen su capacidad concreta para chapotear. En niños mayores y adolescentes suceden en embalses al aire libre, en la playa o en piscinas tanto públicas como privadas, habitualmente ocurre cuando no existe la vigilancia de un adulto. En adolescentes los episodios de ahogamiento suelen suceder con el consumo de alcohol, fármacos o por lanzamientos al agua inadecuados.

La lesión dependerá del tipo de agua (si es dulce o salada, la temperatura, si existe contaminación del agua o no, etc) y del tiempo de inmersión, es decir, el tiempo que el niño esté debajo de agua. En el caso de una inmersión de agua fría, puede haber cierta protección frente a la falta de aporte de oxígeno al cerebro.
Tras sumergirse en un medio líquido, sucede inicialmente una sofocación y una asfixia (por falta de una adecuada oxigenación de la sangre), acompañada o no posteriormente de aspiración pulmonar (paso de agua, de líquido, a los pulmones). Cuando pasa el agua a los pulmones, se lesiona los alvéolos (parte de los pulmones que participan en el intercambio aéreo), de manera que se produce un edema pulmonar o hipoxia.
Si esta hipoxia es importante y hay una falta de oxigenación de los tejidos pueden aparecer lesiones irreversibles, que provocan la muerte en las primeras veinticuatro horas, incluso tras los intentos de reanimación cardiopulmonar, pueden llegar a no ser efectivos.

Por otro lado cuando se trata de inmersiones en agua salada (mayor concentración de sales) frente a los tejidos del organismo hacen que se provoque un arrastre de líquidos hacia el exterior, fuera de los vasos, provocando una hipotensión importante (aumento de la concentración de sodio en la sangre) que puede tener unas consecuencias muy graves, es decir, puede aparecer un edema pulmonar o cerebral, entre otros trastornos.

Tras una inmersión prolongada en el agua por caída a la piscina, lo más importante inicialmente es inmovilizar la columna cervical (para que en caso de que hubiera lesiones en la columna vertebral o medular no empeorarlas) y mantener una vía aérea permeable, es decir, permitir una adecuada respiración, así como una temperatura adecuada. Todas las víctimas de ahogamiento deben ser ingresadas en un hospital para vigilar su evolución.




Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.

sábado, 30 de octubre de 2010

El coche y mi bebé



Son muchos los bebés que se ven implicado en un accidente de tráfico, y la incidencia va aumentando según incrementa la edad de nuestro hijo. La mayoría de estos accidentes se pueden evitar siempre que usemos un sistema de retención adecuado.
Ante un choque violento y de improvisto el cuerpo de un niño reacciona de manera diferente al de un adulto, y por lo tanto, precisa de unos sistemas de seguridad y de retención distintos.

Entre los tres y los diez años son muy frecuentes las hemorragias internas abdominales y en los menores de dos años es muy común las fracturas cervicales. Por eso es importante colocar al niño en sentido contrario al de la marcha, limitar el movimiento de la cabeza del niño y, elegir sistemas de retención que envuelvan por completo al niño para protegerlo mejor. Y siempre, todo niño menor de doce años debe usar un sistema de retención específico y que esté homologado.

Si el coche dispone de air-bag y la silla va en sentido contrario a la marcha, se debe colocar al niño en el asiento trasero para evitar complicaciones y para evitar la posibilidad de que el bebé muera por asfixia. Los padres debemos tener en cuenta que el asiento de atrás siempre es el más seguro, ya que si el adulto sale despedido hacia delante, la fuerza que se produce depende no sólo del peso del cuerpo sino también de su velocidad, y puede aplastar al niño.




Con respecto a esto los padre debemos saber que hay diferentes dispositivos de seguridad (cucos, asientos con ajuste de cinta y cojines elevadores), según la edad de nuestro pequeño de la casa.
Los asientos para niños que pesen menos de nueve kilos, deben colocarse en el asiento de atrás del coche, colocados en sentido contrario al de la marcha. Cuando nuestro hijo pese entre nueve y dieciocho kilos, los asientos deben estar dotados de sujeciones para el hombro, la cintura y la cadera y deben ir situados en el sentido de la marcha. Ya para los niños mayores se emplea los cinturones de seguridad del propio coche, salvo que no estén a la altura correcta y haga falta colocar un elevador para que la sujeción del hombro sea la correcta. Cada sistema de sujeción está homologado y a la hora de realizar su fijación se debe hacer mirando las indicaciones del fabricante.

Lo importante es no transportar nunca al niño en brazos, dar ejemplo siempre llevando el cinturón de seguridad puesto, y en caso de no disponer de un sistema de seguridad específico, usar el propio cinturón de seguridad del vehículo.









Fuentes:
htpp://www.mibebeyyo.com/bebes/cuidados/sillas-seguridad-instalación-4711
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.



viernes, 29 de octubre de 2010

Cómo prevenir los accidentes


La causa más frecuente de muerte en la infancia son los accidentes, tanto los de tráficos como los domésticos, ya que casi siempre se producen de forma no prevista y muchos de ellos podrían haberse evitados si se hubieran tomado medidas preventivas adecuadas.

En los niños menores de un año la primera causa de muerte son las caídas, las quemaduras y los ahogamientos. Por ello los padres debemos prevenirlo de estos accidentes, estando siempre pendientes de ellos y no descuidándolos ni un solo momento, ya que con esta edad no ven el peligro que se les puede venir encima. Los niños tienen múltiples factores de riesgo para sufrir lesiones. Por ejemplo los niños entre uno y dos años están más expuestos a las caídas y a los ahogamientos, pues a esa edad sienten curiosidad por las cosas, son más activos, tienen deseo de explorar y no paran quietos ni un instante.

Sin embargo cuando nuestro hijo está en la etapa de la adolescencia debemos darles los consejos adecuadas para prevenir los accidentes de tráfico y los homicidios que son la primera causa de muerte en esta etapa de su vida. Ya que debido al ambiente más violento que observamos a nuestro alrededor, en los jóvenes ha ido disminuyendo las muertes de lesiones involuntarias, y han ido aumentando el número de lesiones voluntarias, como el suicidio, los accidentes por arma de fuego, etc.

La mayoría de estos accidentes se pueden evitar pero en ocasiones se junta una serie de factores, que al suceder a la vez provocan el desastre, bien porque el niño está al cuidado de otra persona que no son sus papás o porque están en un entorno distinto al que están acostumbrados, entre otros. Como padres que somos tenemos la responsabilidad de educarlos, de estar pendiente de ellos sobre todo en esa edad, debemos ser prudentes ante ellos porque intentan imitar nuestra conducta, por eso debemos tomar las medidas adecuadas como por ejemplo poner tapones de seguridad en los enchufes, alejar del alcance de nuestro pequeño los medicamentos y los agentes tóxicos, no debe haber armas de fuego en el hogar y educarles para que le tengan respeto al agua. Y en otra ocasiones, ser nosotros los propios responsables y concienciarnos de que no debemos beber alcohol si vamos a coger el coche y vamos a llevar a nuestro hijo en el vehículo; si nuestro niño es pequeño hay que comprar un asiento adecuado y colocarlo a la hora de transportarlo en el coche y si por el contrario nuestro hijo es mayor siempre debemos obligarle a usar el cinturón de seguridad.


En general, existen diferentes tipos de lesiones que podrían ser controladas y evitarse, como las causadas por vehículo a motor, las intoxicaciones, las quemaduras, la ingesta de cuerpos extraños, los ahogamientos y atragantamientos de los que hablaré más adelante.

Fuentes:
htto://www.mujerglobal.com/salud/como-evitar-los-accidentes-domésticos-con-bebes/
Ángeles Partido Domínguez aporta a este blog sus experiencias, consejos y sabiduría que están a su alcance, ya que es madre desde hace veintidós primaveras.